Hay una historia escondida en cada pliegue, en cada kilo, en cada síntoma.
Pero no estamos acostumbrados a leer el cuerpo como un libro sagrado. Lo miramos como enemigo, como problema, como algo que corregir o esconder. Nos enseñaron que debía obedecer un molde, no que venía a traernos mensajes muy específicos e importantísimos para nuestro desarrollo personal y evolutivo como raza humana.
El cuerpo no pelea con vos.
El cuerpo te traduce lo que no pudiste decir, lo que no pudiste llorar, lo que no pudiste entender con la mente, lo que quedó enquistado en la historia de la familia, todo lo que no fue visto y/o escuchado.
Cada cambio en él no es un error:
es información condensada, energía que busca moverse, emociones que buscan nombrarse, heridas que buscan cerrarse… con verdad. No con rechazo.
Los kilos de más, por ejemplo, no son exceso. Son reserva emocional. Son lo que quedó sin procesar, lo que necesitaste retener para no colapsar, lo que tuvo que agrandarse para protegerse de aquel ataque, de aquel juicio, de aquella humillación. Se agradó para que mamá/papá me vieran, me reconozcan, me valoren, me vuiden. El cuerpo no se equivoca: te protege, te refleja, te guarda, TE INFORMA lo que alma requiere transmitirte.
Pero cuando querés responder a los ideales externos —lo que «se ve bien», lo que «debería ser», lo que «los demás van a aprobar»— estás acallando el único lenguaje que realmente importa: el tuyo.
Y entonces hay lucha.
Te peleás con el cuerpo, te auto-agredís, te castigas, te rechazas y tu valoración desciende a menos cero. Cuando en realidad, solo está pidiéndote que lo escuches.
¿Qué historia guarda esa parte que rechazás?
¿Qué grita eso que te incomoda mirar?
No es contra vos.
Es por vos.
Escucharlo es el primer paso para dejar de cargar lo que ya no necesitás.
Y cuando eso pasa, la forma cambia, sí… pero desde adentro. Porque ya no necesita proteger lo que por fin fue liberado, integrado, asimilado. El cuerpo responde a la información que necesita traducirte para que logres la expansión de tu infinita sabudiría e identidad ÚNICA y maravillosa.
¿Vas a escuchar a tu cuerpo hoy?
Con amor hacia ti y tu cuerpo. Romy

