
Hay una gran diferencia entre educar y convencer, Y me parece que nos vendría bien recordarla.
Se suele confundir enseñar con tener razón, con imponer nuestra visión y percepción. Creímos que educar era explicar algo tan perfectamente que el otro, al final, no tuviera más remedio que PENSAR, ACTUAR Y ELEGIR como nosotros. Pero no.
Educar no es conseguir que alguien piense igual a vos.
Educar es darle herramientas para que pueda pensar por sí mismo.
Porque al intentar convencer, se necesita que el otro adhiera. Necesitás que diga “sí, tenés razón”. Que compre tu mirada, tu teoría, tu método, tu experiencia.
Cuando educás, se comparte experiencia, se comparten puntos de vista, se ingresa en un intercambio muy nutritivo, para que luego se abra el espacio: Ahora hacé lo que vos consideres.”
Porque el conocimiento no debería convertirse en una nueva forma de obediencia.
Hay algo profundamente incómodo en aceptar que podemos compartir una herramienta sin convertirla en una verdad absoluta, Porque cuando descubrimos algo que nos transforma, aparece una tentación bastante humana: queremos que al otro también le funcione, sea parte, refuerce mi visión…
Y entonces empezamos a insistir.
«Tenés que verlo.»
«Tenés que sanar esto.»
«Tu problema es este.»
«Si hacés esto, vas a estar mejor.»
«Esto es así.»
Y SIN DARNOS CUENTA, PASAMOS DE COMPARTIR CONOCIMIENTO A INTENTAR DIRIGIR LA EXPERIENCIA DEL OTRO.
Ahí es donde educar deja de ser educar, Porque la verdadera educación no invade.
Propone, pregunta, explica, amplifica, Genera pensamiento crítico, ofrece otra perspectiva. Y después… suelta: No necesita que todos estén de acuerdo.
No necesita seguidores que repitan conceptos. No necesita convencerte de que algo es verdad para que tenga valor.
EDUCAR no es convertir nuestra experiencia en autoridad absoluta, No es hacerle creer al otro que necesita nuestra mirada para comprenderse, para validar lo que le pasa, para calificar su forma de pensar, resolver, crear, participar. No es reemplazar su criterio por el nuestro.
Porque enseñar debería hacer que una persona dependa cada vez menos de quien enseña. Eso, para mí, es el verdadero poder del conocimiento.
Que después de escucharte pueda caminar un poco más lejos, que pueda cuestionarte.
Incluso que pueda llegar a una conclusión completamente diferente.
SIN QUE ESO SEA UN FRACASO. Porque si para que mi enseñanza funcione necesitás pensar exactamente como yo, entonces quizás no te estaba educando, Te estaba CONVENCIENDO de algo que para mi forma de ver la vida tiene sentido, pero vos viniste a desarrollar tu propio sentido.
Educar es encender una luz. Convencer es intentar empujarte hacia donde yo quiero que mires. Una abre posibilidades. La otra las cierra.
Por eso, cada vez que compartimos algo: una experiencia, una herramienta, una mirada, un conocimiento, el objetivo ya no es tener razón, Sino ampliar la mirada.
Y una mirada verdaderamente amplia no necesita que todos miren en la misma dirección…
Romy




